lunes, 15 de marzo de 2010


"¿Eres feliz?"
¿por qué a veces los hombres preguntaban esas cosas? ¿Por qué? ¿cómo no iba a ser feliz si en ese momento la rodeaban sus brazos, si en ese momento sentía su cuerpo tan cerca del suyo?
"ahora sí"
Y era verdad. La felicidad no era algo constante. No podía serlo. La felicidad consistía en esos momentos, en coleccionarlos, en disfrutarlos.
"yo sólo quiero que seas feliz"
"entonces no desaparezcas nunca de mi vida"
Y entonces le miró a los ojos. Y sintió miedo. Miedo por haberle dicho eso, por haber sido tan sincera. Pero no podía evitarlo. A veces lo sientes. Sientes que necesitas a alguien. Que puedes hacer tu vida sin esa persona, pero que no quieres. Y eso era lo que ella sentía en ese momento. Lo quería en su vida.
Y él la besó. Un beso profundo. Un beso cargado de muchas cosas, de tantas palabras, de tantos sentimientos, de tantas dudas... Y ella apretó su cuerpo contra el de él. Necesitaba sentirlo. Sentir su cuerpo contra el de ella. Sus manos en su cuerpo. Y sentirle dentro de ella. Sentir ese torbellino en su interior que sólo él producía.
"Te deseo"
"y yo ti... Vamonos"

lunes, 8 de marzo de 2010

mi abuela...

El sábado pasado fue el cumpleaños de mi abuela. 88 años ya. Antes, siempre nos reuniamos todos: mis padres, mi hermana, mis tios, mi prima, mi abuela (mi yaya) y yo. Íbamos a un restaurante enfrente de la casa de mi abuela. Siempre el mismo. Y casi siempre pediamos lo mismo. Eran buenos años. Yo aún me llevaba bien con mi prima. Mi abuela aún no había caido enferma. Aunque siempre decía la misma frase: "el año que viene ya no podremos celebrarlo". Y todos protestábamos. Nunca piensas que algun día sí va a ser el último. Mi abuela ya ni se acuerda de mi. Ya no se acuerda de qué día es su cumpleaños. Ni dónde está ese restaurante. Ni su propia casa. Aquella casa donde crio a mi padre y a mi tia. Aquella casa donde viví yo unos meses al llegar a Madrid...
Mi abuela... Mi abuela no era una mujer fácil. Tenía carácter y muchas manias. Nunca acabamos de congeniar. A ella le gustaba la disciplina, los niños obedientes... Y yo nunca fui así. Se pasaba más tiempo criticándome y poniéndome de modelo a mi hermana, que diciéndome lo mucho que me quería. Pero me quería. Me quería mucho más de lo que yo me daba cuenta.
Con 14 años la "entrevisté" para un trabajo del instituto. Y me habló de su infancia. De su adolescencia durante la guerra. De sus sueños, de sus miedos... Grabe aquella entrevista. Hoy tengo esas cintas, con su voz grabada, contándome recuerdos que ella ya no recuerda.
Paso casi todos los días por delante de aquel restaurante. Vivo en la misma calle que vivía mi abuela. Si me asomo por el balcón de mi habitación puedo ver el tejado de su casa. Y se enconje el corazón.