lunes, 26 de octubre de 2009

mi trabajo

Como todo el mundo, supongo, hay días en los que me despierto y no tengo ninguna gana de ir a trabajar, de coger el metro e ir al curro y llegar, de nuevo a casa, a media tarde (o casi de noche) con la cena sin hacer, la comida del día siguiente sin ni siquiera planificar, la colada sin hacer y decenas de cosas por el estilo. Y con un gato que te mira como diciéndote "¿Por qué me has tenido abandonado tantas horas?"
Como en todos los casos, hay días malos. Pero el otro día me dí cuenta de una verdad. aunque haya días malos, aunque algunos días los niños te parecen herederos de Dámian... Aunque haya días que acabes agotada, y no sólo físicamente... Tengo una gran suerte. Tengo una profesión en la que nunca puedes sentirte sola, en la que nunca puedes sentirte poca querida... Porque entras en el colegio y un niño viene corriendo a darte un beso, porque les estás leyendo un cuento y, de pronto, uno se levanta, te abraza y te dice que te quiere mucho. Porque, un día, se te acerca un padre a la salida y te dice: "¿Eres Marta, la profesora de inglés? Mi hija no para de hablar de ti, la tienes encandilada".
Tengo una profesión en la que , por muy mal que vayan las cosas, por muy triste que estés, durante ese tiempo en el que estás con ellos... Todo se olvida, todo carece de importancia. Porque lo único que importa son esos niños que, sin ellos darse cuenta, te hacen darte cuenta de lo que de verdad tiene valor en esta vida: el poder querer a alguien. A tu pareja, a tu familia, a tus amigos y a tu trabajo.
Tengo suerte con mi trabajo. Aunque esté desprestigiado. Aunque la gente diga que cualquiera pueda ser profesor (aunque una cosa es ser profesor y otra saber enseñar)... Los profesores de instituto y universidad sí están más valorados, pero los maestros... La gente no se da cuenta de que si en el colegio no se plantan bien las semillas, los niños no tendrán la motivación necesaria para afrontar la ESO con ganas y acabarla y seguir estudiando. Edificar las bases siempre es importante y no se puede hacer a partir de primero de la ESO, se tiene que hacer antes y, mucha gente, ni siquiera se da cuenta.
Su corazón iba a mil por hora. Le costaba hasta respirar. Estaba empapada en sudo. Notaba como por su espalda decenas de gotas hacían carreras hasta llegar a su trasero. se mordió el labio inferior en un intento de ahogar el gemido, pero un ronroneo grave salió de lo más profundo de su garganta. Notaba su peso encima de ella, apretándose, rozando, golpeando... Todos esos lugares qeu ella deseaba que él le tocara, le apretara, le rozara, le golpeara. Giró. Haciéndole girar a él también. Ella arriba, él abajo. Y él se rió. Todo era un juego. Al final todo se basaba en eso. Dominador y dominante. Dominante y dominador. Intentado intercambiarse los papeles, intentando rebelarse contra la dominación. Y otra vuelta. Y él arriba y ella abajo. Y las piernas de ella rodeando la cintura de él. Y esa extraña conexión. Esa extraña conexión que no siempre existe. Ese movimiento al unísono. Y caer sobre ella. Aún jadeando. Y notar su corazón palpitando a gran velocidad, y notar el de ella latiendo contra su pecho. Y cerrar los ojos y no pensar, sólo sentir...

jueves, 22 de octubre de 2009

cuando me lo dijeron

Hay un poema de Bécquer que dice: "Cuando me lo contaron senti el frio/de una hoja de acero en mis entrañas". Bécquer hablaba de un infidelidad, pero sirve también para este caso (es la grandeza de un poema... que transmite unos sentimientos, aunque el motivo que los provoca sea otro).
Creo que el primer recuerdo nítido que tengo de ti es cuando me preguntaste cómo se podía saber si un hijo era tuyo o no. Yo andaba camino de la sala de profesores, tú estabas en la puerta, apoyado, con Claudia delante, no sé que te estaría contando... Tampoco importaba, ella sólo quería escucharse así misma. Y me viste. Y le dijiste una frase rápida y viniste hacia mi (otro punto para que esa muchacha me "quisiera" un poco más). Y me lo soltaste de golpe. Nos sentamos en un bordillo y hablamos de infidelidad, de amor, del uso del preservativo (la eterna lucha en ese lugar).
Tiempo después me dijiste por qué me habías elegido a mi para contarme tus problemas, por qué lo hacían, también, muchos de esos chiquillos que cohabitaban contigo en esa escuela... Y era algo tan natural que ni había reparado en eso... Porque me sentaba con ellos, les miraba a los ojos y les escuchaba. Porque les trataba de tú a tú. Porque les trataba como si fueramos iguales... ¿Cómo si fueramos iguales? Es que lo éramos... Es que lo somos.
Todos, por qué ha sido y yo no sé qué decirles... Podría decirles malaria, cualquier enfermedad, o simplemente SIDA, que sería lo más probable... Pero qué más da... Con cualquiera de ellas, su vida hubiera sido difente en el primer mundo. Mírenme a mi. La malaria me duró dos días. Y, vale, aquí no hay cura para el SIDA pero sí se puede vivir varios años bien, con dignidad... No es una condena inmediata de muerte.
Él era un chico listo, divertido, guapo... Tenía una mente bastante abierta para lo que había a su alrededor; recuerdo cuando le pregunté ¿Crees que tu novia te engaña? y él me dijo: "Si yo lo hago, por qué no va a hacerlo ella" y yo: ¿y qué harías si te enteraras de que así es? y él: ¿Cómo voy a condenarla si yo hago lo mismo?. Otros montarían en cólera. Una cosas es que ellos lo hagan y otra que su mujer lo haga. Ellos tienen más derechos que ellas.. Al menos él comprendía que eso no era así, que eran iguales... Era un gran chico. Ya era profesor. Estaba en una aldea, perdida de la mano de dios, dando clase, ayudando a mejorar su pais.
Cuando me llamaron me dijeron que él se lo había pedido, que me lo dijeran y que me dijeran que sentía no haberme llamado en los últimos meses, pero que no se había olvidado de la mejor profesora que había tenido... Ojalá pudiera hacerles entender que si yo les enseñé, les ayudé, les mostré un mundo nuevo... Ellos me enseñaron, me ayudaron, me mostraron un mundo nuevo... Mucho más que yo a ellos.
No tenía ni 25 años... Y no pude despedirme de él. Y otra vez, como siempre, acabo diciendo lo que no pude decir en persona, por escrito...

domingo, 4 de octubre de 2009

Ivan...

No recuerdo cuando le conocí. Yo tenía un mes y medio. Él sólo unos días. Desde entonces, todos los festivos, todas las vacaciones las pasábamos juntos. Cuando eramos pequeños era un "ni contigo ni sin ti". Nos pegábamos, nos perseguiamos el uno al otro, no parábamos de incordiarnos... Pero luego corría tres kilómetros sin parar ni un instante por una ciudad que no conocía (y estando a punto de caerse a la ría) porque un bicho me había picado y el dedo gordo de mi pie era casi más grande que todos los demás juntos y no tenía forma de ir a urgencias. A lo largo de los años hemos vivido muchos momentos. Algunos de ellos están marcados en mi espalda, o más bien una escalera de una piscina, jeje.
¿quién nos iba a decir hace ya... ¿8 años? que hoy nos encontrariamos aqui, contando los días, preparando tu boda? Aún te recuerdo, sentando en la puerta del "bencompre", algo borracho y gritando: "¡Que porque te hayas puesto falda no te creas que voy a ir detrás de ti!" Asomé la cabeza asombrada y sin poder parar de reir. Y este sábado, 28 años después de conocerte, unos 8 después de aquella anécdota, te casas con esa chiquilla. Y el verte tan enamorado, el veros mirándoos fijamente a los ojos, tan íntimos, tan dulces... Hay pocas parejas capaces de contagiar su amor a los demás, parejas tan enamorados, tan locos el uno por el otro, tan seguros de lo que hacen... que les llena y sale por todos los poros de su piel...
En estos momentos se suele decir: Espero que seais muy felices... pero es que no hace falta. Porque estoy segura de que será así. Hay personas que están hechas las unas para las otras y cuando se tiene la suerte de darse cuenta de eso, cuando se lucha con fuerza por esa relación, cuando no te asusta el amor y te das cuenta de la suerte que tienes de tener a esa persona a tu lado. Y esa persona se da cuenta de lo mismo... Nada, o casi nada, puede estropearlo. Porque querer es poder.
Ivan... Para mi siempre serás el hermano que, biológicamente, no tuve... Te quiero muchísimo (déjame que esté ñoña unos días antes de tu boda, ¿no?). Inma... Es genial tenerte en la familia.

bicos