viernes, 30 de julio de 2010

Otro autor que me descubres... Gracias

Albada


Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.

-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.


Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma

Dos historias que estaban publicadas en otro sitio, un blog que caerá en el olvido, recuerdo de unos meses que creiamos que todo era mucho más fácil de lo que es en realidad:

"Las tres de la madrugada y no podía parar de preguntarse qué narices hacía en la residencia de la europea discutiendo con el guardia que no le dejaba pasar a verle. Por fin cogió el teléfono. Baja. Pero el guardia sigue diciendo que no, que no pueden subir juntos. “a estas horas no pueden subir chicas a las habitaciones de chicos”. “¿Qué hacemos?” “¿Confias en mi?” Mirada de reojo, burlona, medio levantando una ceja. “¿Tengo que contestar?” “Ahora vuelvo, voy a acompañarla a la parada del bus”.

- ¿Se puede saber dónde vamos?

- Un segundo.

Coge el móvil mientras salen de la residencia, habla con alguien, ella casi no entiende la conversación.

“¿Confias en mi?”

Levanta una ceja, le mira. Sin contestar. Él sonrió y le cogió de la mano empezando a andar. Pero en vez de ir a la salida dieron lavuelta al edificio. Vio a un chico que se asoma por la ventana de un cuarto del primer piso. Se volvió a mirarle.

“yo pensaba que era Romeo quien trepaba por la ventana de Julieta”

“Pero tú siempre has sido muy rompe-leyendas”

No se lo podía creer. El amigo de su… ¿amante? le cogió de la mano, puso un pie en el bordillo y trepó por la ventana. Él volvió a entrar por la puerta del edificio. El amigo le llevó hasta su habitación donde él la estaba esperando.

“Espero que al menos me des una copa para compensarme del esfuerzo”

“lo que tú quieras”

Besos, caricias… Una hora después estaban los dos, desnudos, sudorosos, tomando esa copa, tirados en la cama, las sabanas revueltas. Y ella se ríe.

“¿De qué te ries?”

“No… nada… No sé cómo acabará esta historia. Pero tengo seguro que nunca me olvidaré del día en que trepe por una ventana para acostarme contigo”

Y nunca lo hizo."


"Un día, un amigo, un antiguo amante, un viejo gran amor, me estaba hablando de su actual novia. Estábamos en la barra de un bar, nuestros amigos cerca; en una de esas barras que cada vez que te das la vuelta te han rellenado el chupito (es decir, borrachos… que es la única manera de hablar sinceramente con un ex de tu actual pareja). Y de pronto me salta: “La verdad es que no le caes muy bien a P.” Por una parte te fastidia, todas tenemos esa estupida idea de que tu amistad con un ex no cambiará cuando él o tú se eche novio/a. Por otra parte te halaga. Y te sale tu lado coqueto. “¿Y qué es lo que le has contado de mi?” Y te suelta la bomba: “Le he dicho que hay momentos en los que me siento más cómodo contigo que con ella”. ¡¡Mierda!! “¿pero cómo le has podido decir eso? ¡Claro que te sientes más cómodo conmigo? Me conoces desde hace 7 años y a ella desde hace 2 meses… Pero eso no se dice”. ¿Cómo iba a caerle bien a su novia si le suelta eso? Y me planteo qué es lo que tenemos que contar a nuetra actual pareja sobre los ex. ¿Tenemos que ser completamente sinceros o es mejor guardarse ciertos detalles? Los hombres en particular suelen sentirse “acomplejados” con ciertos detalles, que en muchas ocasiones ni siquiera nosotras quisieramos contar pero que ellos acaban preguntándote de golpe, sin venir a cuenta: ¿Y cuál ha sido tu mejor orgasmo, tu mejor polvo, etc? ¿y cuánto queremos saber de las ex de nuestras parejas? Los hombres suelen tender a dos cosas: o a ponerla a parir o a ponerla por las nubes. Y no sé cual de las dos es peor."

bicos, ser felices

jueves, 29 de julio de 2010

El otro día un amigo me dijo que hacía mucho que no escribía en este blog. Y es cierto. De un tiempo a esta parte lo he dejado abandonado. Por muchas razones. Me gusta escribir. Es más que eso. Es una manera de expresarme, de sacar de dentro todos esos demonios que me atormentan... Hubo un tiempo en el que pensaba que sólo se escribía en esos momentos en los que se está triste, en los que estás más sensible... Pero con los años me he dado cuenta de que no es así. A veces la tristeza te llena tanto que tampoco puedes ni escribirla.
En estos meses he tenido momentos muy felices y momentos muy tristes. Soy una persona con tendencia a la tristeza, como decía una canción de Ivan Ferreiro, "tengo mi tristeza siempre ahí, escondida poniéndose guapa".
He tenido buenos momentos en estos meses, el viaje a la playa (los dos) con los mojitos en la piscina, el baño a la una de la madrugada, la jaima... El cumpleaños de Cris, mi cumpleaños, el comando secuestro, el cumple de Felix (aunque, lo reconozco, ya no estoy para esos trotes), las cañas en Aluche, la cena en el japo (o las cenas), en el griego, volver a ver a Bea..
Pero también ha habido malos momentos... Decepciones. Supongo que es normal. Que la vida está llena de ellas. Personas que pensabas que eran buenas, (o por lo menos legales), te das cuenta de que no son así. Personas que se estaban convirtiendo en tus amigos, te das cuenta de que sólo te querían por su interes. ¿Cuántas veces hemos oido eso de: "Los amigos son los que están en los malos momentos"?Estoy de acuerdo.. Pero no sólo para eso. Los amigos están para los malos y para los buenos... Y yo, sinceramente, me he cansado de que cierta gente me llame sólo para los malos momentos. Estoy cansada. Porque yo también me siento sola muchas veces, porque yo también necesito que me abracen y me escuchen... A lo largo de estos meses me han decepcionado muchas personas, pero también me ha hecho ver que no merecen la pena, que la gente que no aporta nada en tu vida, no merece la pena tenerlas en ella. Y todo lo contrario. Hay gente que te llena, que te hace sentir viva... Y a esa gente no quiero perderla... Aunque a veces me tachen de pesada (es broma). Mi hermana y yo siempre decimos una frase: "Gracias a los que no creian en mi, porque me hicieron mejorar".
Tal vez me encuentre muchas veces perdida en este mundo, tal vez no sepa muy bien a donde voy o qué es lo que tengo que hacer... Pero sí sé con quién quiero hacer ese camino. Gracias por acompañarme. A todos.