sábado, 25 de abril de 2009

frases de Sabina

Hoy quiero rendir homenaje a uno de los grandes cantantes (y poetas) que hay.
Unas cuantas frases de Sabina, algunas de canciones, otras de entrevistas... No están todas las que son, pero eso sería imposible


"No hay peor nostalgia que añorar lo que nunca jamás existió"

"Lo bueno de los años es que curan las heridas, lo malo de los besos es que crean adicción"


"Cuántos besos perdí por no saber decir, te necesito"

"Amor se llama el juego en que dos ciegos juegan a hacerse daño"

"Pelearé hasta el último segundo y mi epitafeo será: no estoy de acuerdo"

"De ti depende, y de mi, que entre los dos siga siendo ayer noche hoy por la mañana"

"Y en otros ojos me olvidé de tu mirada, y en otros labios despité a la madrugada"

"Puedo ponerme digno y decir: Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos de un rato me llamas"

"Sabes mejor que yo que hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado, los labios del pecado"

"-¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?
- Terminaba tan triste que nunca la pude empezar"

"¿Y cómo huir cuando no quedan islas dónde naufragar?"

"La buena reputación hay que dejarla caer a los pies de la cama"

"Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos"

"Un beso es sólo un asalto y la cama y un ring de boxeo"

"Me gusta que haya religiones, porque me encanta pecar"

"No habrá casorio, ¿para qué? Con dos en una cama, sobran testigos, cura y juez"

"Bastante trabajo me ha costado cometer mis pecados como para malbaratarlos en arrepentimientos vanos"

"Prefiero la guerra contigo, que el invierno sin ti"
"hay amores eternos que duran lo que dura un corto invierno"

"Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres. Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren"

"El amor lo inventaron los catalanes para no tener que pagar por follar"

"Peor para el Sol, que se mete cada noche en la cuna del mar a dormir; mientras un servidor, le levanta la falda a la luna"

"Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir"

martes, 21 de abril de 2009

El otro día (¡Dios, cada día me parezco más a Bea, jaja!) estaba parada en la boca del metro, terminando una conversación telefónica cuando pasó una niña que cogía a su madre de la mano. De pronto, la niña vió unas hojas de árbol tiradas en el suelo. Y, sin dudarlo un instante, señaló las hojas, miró a su madre y exclamó: ¡Mamá, ya está empezando el otoño!
Me encanta esa sencillez de los niños y, a la vez, esa lógica. Ha aprendido que en otoño caen las hojas por lo que si vemos hojas en el sueño, es que es otoño. Ojalá todo fuera tan sencillo como en la mente de los niños. Ojalá no nos complicáramos tanto la vida.
Y es que yo he llegado a esa conclusión. La vida no es complicada. La complicamos nosotros. Si sólo nos dejáramos llevar por nuestros instintos, si no nos comieramos tanto la cabeza... Quizás todo fuera más fácil.
Adoro las frases de los niños. No hace mucho (aunque a veces parece toda una vida) un niño me cogió de la mano, miró al cielo y dijo, con una extraña expresión, medio de sorpresa, medio de angustia: "¿Quién ha rota la Luna?"
Y al mirar hacia arriba compruebo que hay luna menguante. Me encantó esa frase, se me quedó grabada en la mente. Es una frase llena de poesía. Y pronunciada por un niño de cinco años... Quizás eso lo hace más poesía o, al menos, más pura...
Me encanta trabajar con niños, porque te muestran un mundo mucho mejor que el que solemos ver con nuestros ojos de adultos. Porque dan importancia a las cosas realmente importantes. No les importa si su compañero de clase es negro, chino, blanco o de otra religión.... Lo que les importa es si comparte sus juguetes, si no les pega ni les insulta, si quiere sentarse a su lado en clase o jugar con él...
Acabo de acordarme de "el mundo de Sofía" (y el rollo que les metía a mi hermana y mi prima con este libro cuando lo lei con 14 años) y un apartado que siempre me ha encantado:


"En cuanto al conejo blanco, quizás convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo.Pero los filósofos intentan subirse por encima de uno de esos finos pelillos para mirar a los ojos del gran prestidigitador.

...Si no lo dije, lo digo ahora:LO UNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD DE ASOMBRO.

Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más. Tras unos cuantos meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo, esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo.¿A qué se debe? (...) Veamos: si un recien pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo al que ha llegado. Porque, aunque un niño no sabe hablar, vemos como señala las cosas de su alrededor y como intenta agarrar con curiosidad las cosas de la habitación.

Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita "guau, guau" cada vez que ve un perro. Vemos como da saltos en su cochecito, agitando los brazos y gritando "guau, guau, guau". Los que ya tenemos algunos años nos sentimos un poco agobiados por el entusiasmo del niño "Sí, sí..es un guau, guau" decimos, muy conocedores del mundo "tienes que estarte quieto en el coche". No sentimos el mismo entusiasmo. Ya hemos visto perros antes.

Quizás se repita este acto de entusiasmo unas doscientas veces, antes de que el niño pueda ver pasar un perro sin perder los estribos. O un elefante. O un hipopótamo. Pero antes de que el niño haya aprendido hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual.¡una pena, digo yo! (...)

Un breve resumen:se puede sacar un conejo blanco de un sombrero de copa vacio. (..) En los extremos de los finos pelillos de su piel nacen todas las criaturas humanas. De esa manera son capaces de asombrarse por el imposible arte de la magia. Pero conforme se van haciendo mayores, se adentran cada vez más en la piel del conejo y alli se quedan. Están tan agusto y tan cómodos que no se atreven a volver a los finos pelillos de la piel. Sólo los filósofos emprenden ese peligroso viaje hasta los límites extremos del idioma y de la existencia. Algunos de ellos se quedan en el camino, pero otros se agarran fuertemente a los pelillos del conejo y gritan a todos los seres sentados muy dentro de la suave piel del conejo, comiendo y bebiendo estupéndamente:

- Damas y caballeros- Dicen- estamos flotando en el vacío.

Pero esos seres dentro de la piel no escuchan a los filósofos."

domingo, 19 de abril de 2009

un llamada...

Es curioso el poder de una llamada. Sobre todo en esos días en los que estás tristes, en los que no estás pasando una buena racha, en los que no consigues ni dormir, en los que sientes que es tan fácil olvidarse de ti... Y de pronto... El jueves anterior a Semana Santa (sí, sé que han pasado varios días desde entonces pero no he estado en Madrid) recibí una llamada. Una llamada que no me esperaba. Una llamada de Mozambique. Al principio cuando vi el número pensé que sería Ester, que a lo mejor el prefijo de Ángola se parecía al de Mozambique o que había tenido que viajar (mi pequeña Ester, mi niña... Aunque si ella lee esto seguro que me echa la bronca por llamarla "mi niña" cuando la pequeña siempre fui yo en aquella aventura que tanto nos unió).
Y al coger el teléfono... Su voz me trajo miles de recuerdos que nunca olvido (ni quiero). Era uno de mis estudiantes de Mozambique... Dos años después. Y empecé a recordar todas las tardes sentados hablando del mundo, de nuestras familias (¿cómo olvidar aquel día en que me explicó como le contaron que su padre había muerto en la Guerra Civil que asoló Mozambique, en la Guerra Civil que fue motivada por los antiguos colonos, por Africa del Sur y que fue una de las guerra olvidadas provocadas por la guerra fría?), de nuestras esperanzas de futuro... Hablando de derechos, de igualdad...
Y me dijo que tenía muchas "saudades de mi"... Que me echaba de menos... Dos años después. Y me dijo que estaba estudiando en la Universidad. Y que lo hacía porque yo le había inspirado a continuar estudiando, a saber más, a mejorar para ayudar a Mozambique a seguir adelante...
Y tras escuchar ésto... La mierda de problemas que me impedían dormir, mi tristeza, mis penas... Dejaron de tener importancia, de tener tanto valor... Cuando vas de voluntaria a un pais como Mozambique tienes que tener claro que no vas a salvar el mundo, que simplemente pones un granito de arena... Muchas veces te sientes frustrado porque tienes miles de ideas en la cabeza, porque quieres hacer miles de cosas... Y una vez alli, es casi imposible. A veces, incluso, estando alli, te preguntas si ha servido para algo dejar atrás toda tu vida, toda tu gente, las personas que quieres... Si vas de voluntario tienes que tener claro que no vas a cambiar el mundo, y que tu area de acción y de influencia, es mucho más pequeña de lo que te gustaría.
Allí hay un ritmo diferente, unas costumbres diferentes... Y tú no puedes llegar y cambiarlo todo de golpe. Vas a ayudarles, no a imponerles.
Y yo me di cuenta de que la mejor manera de ayudar a mis alumnos en Mozambique, era sentarme a su lado, mirarles a los ojos, tratarles de tú y hablar con ellos, escuchar sus problemas, contarles los tuyos... Demostrarles que no eres mejor que ellos, simplemente has tenido la suerte de vivir en un país más desarrollado, un pais en el que has tenido acceso a una educación con la que ellos sueñan (los niños por la calle no te piden dinero, te piden cuadernos y bolis para ir a la escuela)... Los blancos suelen llegar al Africa Subsahariana (o África Austral) sintiéndose los salvadores del mundo, cuando lo único que hacemos es pagar (malamente y minimamente) la deuda que tenemos con esos paises...
Deseo (y espero) haber influido al menos en una parte de mis estudiantes y de la gente del pueblo en el que viviamos (cada vez que uno de ellos me llama o me hace una perdida, me llena de una manera... que sé que sólo unas cuantas personas pueden comprender); pero lo que sí tengo claro es todo lo que ellos influyeron en mi, y todo lo que me enseñaron... Y eso hace que esté aún más en deuda con ellos. Con ellos y, por supuesto, con Ines, Vanessa, Ester, Laura... Y por encima de todos de Marian, mi compañera en esos 14 meses que tanto nos marcó.
Otro mundo es posible, pero es trabajo de todos.