martes, 21 de abril de 2009

El otro día (¡Dios, cada día me parezco más a Bea, jaja!) estaba parada en la boca del metro, terminando una conversación telefónica cuando pasó una niña que cogía a su madre de la mano. De pronto, la niña vió unas hojas de árbol tiradas en el suelo. Y, sin dudarlo un instante, señaló las hojas, miró a su madre y exclamó: ¡Mamá, ya está empezando el otoño!
Me encanta esa sencillez de los niños y, a la vez, esa lógica. Ha aprendido que en otoño caen las hojas por lo que si vemos hojas en el sueño, es que es otoño. Ojalá todo fuera tan sencillo como en la mente de los niños. Ojalá no nos complicáramos tanto la vida.
Y es que yo he llegado a esa conclusión. La vida no es complicada. La complicamos nosotros. Si sólo nos dejáramos llevar por nuestros instintos, si no nos comieramos tanto la cabeza... Quizás todo fuera más fácil.
Adoro las frases de los niños. No hace mucho (aunque a veces parece toda una vida) un niño me cogió de la mano, miró al cielo y dijo, con una extraña expresión, medio de sorpresa, medio de angustia: "¿Quién ha rota la Luna?"
Y al mirar hacia arriba compruebo que hay luna menguante. Me encantó esa frase, se me quedó grabada en la mente. Es una frase llena de poesía. Y pronunciada por un niño de cinco años... Quizás eso lo hace más poesía o, al menos, más pura...
Me encanta trabajar con niños, porque te muestran un mundo mucho mejor que el que solemos ver con nuestros ojos de adultos. Porque dan importancia a las cosas realmente importantes. No les importa si su compañero de clase es negro, chino, blanco o de otra religión.... Lo que les importa es si comparte sus juguetes, si no les pega ni les insulta, si quiere sentarse a su lado en clase o jugar con él...
Acabo de acordarme de "el mundo de Sofía" (y el rollo que les metía a mi hermana y mi prima con este libro cuando lo lei con 14 años) y un apartado que siempre me ha encantado:


"En cuanto al conejo blanco, quizás convenga compararlo con el universo entero. Los que vivimos aquí somos unos bichos minúsculos que vivimos muy dentro de la piel del conejo.Pero los filósofos intentan subirse por encima de uno de esos finos pelillos para mirar a los ojos del gran prestidigitador.

...Si no lo dije, lo digo ahora:LO UNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD DE ASOMBRO.

Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más. Tras unos cuantos meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo, esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo.¿A qué se debe? (...) Veamos: si un recien pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo al que ha llegado. Porque, aunque un niño no sabe hablar, vemos como señala las cosas de su alrededor y como intenta agarrar con curiosidad las cosas de la habitación.

Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita "guau, guau" cada vez que ve un perro. Vemos como da saltos en su cochecito, agitando los brazos y gritando "guau, guau, guau". Los que ya tenemos algunos años nos sentimos un poco agobiados por el entusiasmo del niño "Sí, sí..es un guau, guau" decimos, muy conocedores del mundo "tienes que estarte quieto en el coche". No sentimos el mismo entusiasmo. Ya hemos visto perros antes.

Quizás se repita este acto de entusiasmo unas doscientas veces, antes de que el niño pueda ver pasar un perro sin perder los estribos. O un elefante. O un hipopótamo. Pero antes de que el niño haya aprendido hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual.¡una pena, digo yo! (...)

Un breve resumen:se puede sacar un conejo blanco de un sombrero de copa vacio. (..) En los extremos de los finos pelillos de su piel nacen todas las criaturas humanas. De esa manera son capaces de asombrarse por el imposible arte de la magia. Pero conforme se van haciendo mayores, se adentran cada vez más en la piel del conejo y alli se quedan. Están tan agusto y tan cómodos que no se atreven a volver a los finos pelillos de la piel. Sólo los filósofos emprenden ese peligroso viaje hasta los límites extremos del idioma y de la existencia. Algunos de ellos se quedan en el camino, pero otros se agarran fuertemente a los pelillos del conejo y gritan a todos los seres sentados muy dentro de la suave piel del conejo, comiendo y bebiendo estupéndamente:

- Damas y caballeros- Dicen- estamos flotando en el vacío.

Pero esos seres dentro de la piel no escuchan a los filósofos."

1 comentario:

Felix dijo...

me encantaria echarme a la cara la que rompio la luna...un beso y un abrazo....hermoso texto niña