domingo, 19 de abril de 2009

un llamada...

Es curioso el poder de una llamada. Sobre todo en esos días en los que estás tristes, en los que no estás pasando una buena racha, en los que no consigues ni dormir, en los que sientes que es tan fácil olvidarse de ti... Y de pronto... El jueves anterior a Semana Santa (sí, sé que han pasado varios días desde entonces pero no he estado en Madrid) recibí una llamada. Una llamada que no me esperaba. Una llamada de Mozambique. Al principio cuando vi el número pensé que sería Ester, que a lo mejor el prefijo de Ángola se parecía al de Mozambique o que había tenido que viajar (mi pequeña Ester, mi niña... Aunque si ella lee esto seguro que me echa la bronca por llamarla "mi niña" cuando la pequeña siempre fui yo en aquella aventura que tanto nos unió).
Y al coger el teléfono... Su voz me trajo miles de recuerdos que nunca olvido (ni quiero). Era uno de mis estudiantes de Mozambique... Dos años después. Y empecé a recordar todas las tardes sentados hablando del mundo, de nuestras familias (¿cómo olvidar aquel día en que me explicó como le contaron que su padre había muerto en la Guerra Civil que asoló Mozambique, en la Guerra Civil que fue motivada por los antiguos colonos, por Africa del Sur y que fue una de las guerra olvidadas provocadas por la guerra fría?), de nuestras esperanzas de futuro... Hablando de derechos, de igualdad...
Y me dijo que tenía muchas "saudades de mi"... Que me echaba de menos... Dos años después. Y me dijo que estaba estudiando en la Universidad. Y que lo hacía porque yo le había inspirado a continuar estudiando, a saber más, a mejorar para ayudar a Mozambique a seguir adelante...
Y tras escuchar ésto... La mierda de problemas que me impedían dormir, mi tristeza, mis penas... Dejaron de tener importancia, de tener tanto valor... Cuando vas de voluntaria a un pais como Mozambique tienes que tener claro que no vas a salvar el mundo, que simplemente pones un granito de arena... Muchas veces te sientes frustrado porque tienes miles de ideas en la cabeza, porque quieres hacer miles de cosas... Y una vez alli, es casi imposible. A veces, incluso, estando alli, te preguntas si ha servido para algo dejar atrás toda tu vida, toda tu gente, las personas que quieres... Si vas de voluntario tienes que tener claro que no vas a cambiar el mundo, y que tu area de acción y de influencia, es mucho más pequeña de lo que te gustaría.
Allí hay un ritmo diferente, unas costumbres diferentes... Y tú no puedes llegar y cambiarlo todo de golpe. Vas a ayudarles, no a imponerles.
Y yo me di cuenta de que la mejor manera de ayudar a mis alumnos en Mozambique, era sentarme a su lado, mirarles a los ojos, tratarles de tú y hablar con ellos, escuchar sus problemas, contarles los tuyos... Demostrarles que no eres mejor que ellos, simplemente has tenido la suerte de vivir en un país más desarrollado, un pais en el que has tenido acceso a una educación con la que ellos sueñan (los niños por la calle no te piden dinero, te piden cuadernos y bolis para ir a la escuela)... Los blancos suelen llegar al Africa Subsahariana (o África Austral) sintiéndose los salvadores del mundo, cuando lo único que hacemos es pagar (malamente y minimamente) la deuda que tenemos con esos paises...
Deseo (y espero) haber influido al menos en una parte de mis estudiantes y de la gente del pueblo en el que viviamos (cada vez que uno de ellos me llama o me hace una perdida, me llena de una manera... que sé que sólo unas cuantas personas pueden comprender); pero lo que sí tengo claro es todo lo que ellos influyeron en mi, y todo lo que me enseñaron... Y eso hace que esté aún más en deuda con ellos. Con ellos y, por supuesto, con Ines, Vanessa, Ester, Laura... Y por encima de todos de Marian, mi compañera en esos 14 meses que tanto nos marcó.
Otro mundo es posible, pero es trabajo de todos.

1 comentario:

Felix dijo...

no es por nada lo de queridisima profe, me reafirmo Un beso un abrazo