jueves, 22 de octubre de 2009

cuando me lo dijeron

Hay un poema de Bécquer que dice: "Cuando me lo contaron senti el frio/de una hoja de acero en mis entrañas". Bécquer hablaba de un infidelidad, pero sirve también para este caso (es la grandeza de un poema... que transmite unos sentimientos, aunque el motivo que los provoca sea otro).
Creo que el primer recuerdo nítido que tengo de ti es cuando me preguntaste cómo se podía saber si un hijo era tuyo o no. Yo andaba camino de la sala de profesores, tú estabas en la puerta, apoyado, con Claudia delante, no sé que te estaría contando... Tampoco importaba, ella sólo quería escucharse así misma. Y me viste. Y le dijiste una frase rápida y viniste hacia mi (otro punto para que esa muchacha me "quisiera" un poco más). Y me lo soltaste de golpe. Nos sentamos en un bordillo y hablamos de infidelidad, de amor, del uso del preservativo (la eterna lucha en ese lugar).
Tiempo después me dijiste por qué me habías elegido a mi para contarme tus problemas, por qué lo hacían, también, muchos de esos chiquillos que cohabitaban contigo en esa escuela... Y era algo tan natural que ni había reparado en eso... Porque me sentaba con ellos, les miraba a los ojos y les escuchaba. Porque les trataba de tú a tú. Porque les trataba como si fueramos iguales... ¿Cómo si fueramos iguales? Es que lo éramos... Es que lo somos.
Todos, por qué ha sido y yo no sé qué decirles... Podría decirles malaria, cualquier enfermedad, o simplemente SIDA, que sería lo más probable... Pero qué más da... Con cualquiera de ellas, su vida hubiera sido difente en el primer mundo. Mírenme a mi. La malaria me duró dos días. Y, vale, aquí no hay cura para el SIDA pero sí se puede vivir varios años bien, con dignidad... No es una condena inmediata de muerte.
Él era un chico listo, divertido, guapo... Tenía una mente bastante abierta para lo que había a su alrededor; recuerdo cuando le pregunté ¿Crees que tu novia te engaña? y él me dijo: "Si yo lo hago, por qué no va a hacerlo ella" y yo: ¿y qué harías si te enteraras de que así es? y él: ¿Cómo voy a condenarla si yo hago lo mismo?. Otros montarían en cólera. Una cosas es que ellos lo hagan y otra que su mujer lo haga. Ellos tienen más derechos que ellas.. Al menos él comprendía que eso no era así, que eran iguales... Era un gran chico. Ya era profesor. Estaba en una aldea, perdida de la mano de dios, dando clase, ayudando a mejorar su pais.
Cuando me llamaron me dijeron que él se lo había pedido, que me lo dijeran y que me dijeran que sentía no haberme llamado en los últimos meses, pero que no se había olvidado de la mejor profesora que había tenido... Ojalá pudiera hacerles entender que si yo les enseñé, les ayudé, les mostré un mundo nuevo... Ellos me enseñaron, me ayudaron, me mostraron un mundo nuevo... Mucho más que yo a ellos.
No tenía ni 25 años... Y no pude despedirme de él. Y otra vez, como siempre, acabo diciendo lo que no pude decir en persona, por escrito...

1 comentario:

La mujer del médico dijo...

Siempre es más fácil escribir ese tipo de sentimientos que hablarlos.
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