Abrió la ventana. Necesitaba respirar. Aspiró con fuerza. Notó como sus pulmones se llenaban de aire. Y sin embargo seguía ahogándose. Encendió un cigarro. Madrid se despertaba a sus pies. Detrá de él, ella seguía durmiendo. Se dió la vuelta y la miró. Escondida entre las sábanas. Sin más ropa que una camiseta de tirantes y unos pantalones cortos. Era una chica estupenda. Estaba loca por él. Sonaba mal que lo dijera pero era cierto. Le quería, muchísimo más de lo que él la quería. Y eso le hacía sentir culpable. A veces pensaba que lo mejor era que la dejara, sabía que le haría daño pero a la larga acabaría encontrando a alguien que la quisiera como ella se mereciera, que sólo pensara en ella, que la deseara por encima de otra, que pensara y sintiera que era ella y no otra la chica con la que debía estar. Treinta años y seguía huyendo. Seguía huyendo de lo que sentía, refugiándose en relaciones fáciles y seguras (si es que existía alguna relación fácil y segura).
Normalmente no se rayaba con eso. Simplemente disfrutaba. Desconectaba. Pero había veces que miraba su teléfono y sólo tenía ganas de llamarla, de volver a verla, de volver a sentirla. Y seguía cayendo en esa debilidad. Y lo peor es que no se sentía culpable. ¿o quizás fuera lo mejor? Y ella, esa chica que ahora dormía entre sus sábanas, no sufría. No sufría porque no sabía nada, porque no sospechaba nada. Y él podía seguir haciéndola sentir feliz gracias a esas "escapadas". Tenía treinta años y pensaba que la vida no era tan fácil como siempre le habían enseñado, ni las relaciones, ni el amor.
- ¿qué haces despierto? ¿y ya fumando? Anda ve.
Apagó el cigarro en un cenicero y se volvió a meter en la cama.
una improvisación, para Javi
Reseña de cine: "Recuerdos perversos" (2007)
Hace 6 años

2 comentarios:
¡¡cabrona!! cuando te dije que me dedicaras algo no me refería a eso, jajaja. No, en serio, me encanta. un saludo
triste y hermoso, desarróllalo, coño!
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