martes, 12 de mayo de 2009

hoy...

Hay dias en los que necesito escribir. Y no sé el motivo. Simplemente lo necesito. Aunque no sepa de qué. Aunque las palabras no lleguen a mi mente. Es curioso como mis dedos se mueven por el teclado y deliren, ellos solos. Dueños de las manos, dueños de mi mente. Y no al revés.
Podría hablar de la entrevista de esta mañana. Pero entonces acabaría hablando de mi desesperación a la hora de buscar trabajo, de las decenas de ofertas que me llegan día trás dias al e-mail, siendo casi siempre las mismas y donde veo que hay cientos de personas apuntadas. El otro día me comentaban que en trabajos donde hasta ahora había mayoría de inmigrantes estaban empezando a recibir curriculum de españoles, de jovenes, viejos... Ahora sí que no nos importa hacer ciertos trabajos que hace unos meses ni se nos hubiera pasado por la cabeza, para eso estaban los inmigrantes, ¿no? y encima seguro que alguno habrá que dirá que los inmigrantes nos quitan el trabajo... Siempre hay que echarles la culpa a los demás. Y claro ejemplo tenemos cada vez que encendemos el telediario. El PP culpando al PSOE de la crisis, los del PSOE culpando al PP por dejar que España fuera el paraiso de los especuladores. Estoy harta. Ahora mismo me da igual de quién sea la culpa, sólo quiero que se junten, que olviden sus problemas y se pongan a solucionar los problemas de una vez por todas.

Hay días que necesito escribir, será para sacar esta extraña sensación que me domina. No me pregunten el motivo, no lo sé. O quizás sí, pero prefiero no pensarlo. Prefiero no darle tanta dominio sobre mi. Cristina Rosenvinge decía "cuatrocientos golpes contra la pared, han sido bastantes para aprender a encajar con gracia y caer de pie, a esconderlo dentro y llorar después". Realmente lo intento. Pero no lo consigo. Si algo me sienta mal lo digo, si estoy feliz no puedo evitar que salga por cada poro de mi piel, pero si estoy triste me pasa lo mismo. A veces no me controlo. Si deseo mandar un sms, lo acabo haciendo. Aunque a veces no deba, aunque mi mente me diga que no, pero al final siempre puede más mi corazón. Y es como dice Cesar, en "esperame en la cama": "Perdona por mi falta de expresión, pero es que a veces necesito un empujón para ser consciente de tener toda tu atención. Discúlpame si a veces parezco un niño, que llora por todo y se siente desatendido, si no lo arropan y lo protegen del frio"


Uff... me tengo que ir a dar clases... A seguir con el mundo real. Con mis niños, al gimnasio...



bicos y ser felices!!

1 comentario:

Coral dijo...

Y como voy a discutir, si las suelas de mis botas, corren como dos idiotas, siempre detrás de ti...