lunes, 8 de junio de 2009


Hoy en clase (es curioso, casi siempre empiezo mi blog con "hoy", "ayer"... Supongo que al final lo uso como una especie de diario, como los que escribía de pequeña, y no tan pequeña) una alumna me ha preguntado porque a algunos profesores parecían no gustarles los niños. Yo le he dicho que no es algo obligatorio, pero sí aconsejable. Lo cierto es que es algo más que aconsejable porque ya que te vas a pasar tanto tiempo rodeado de ellos, al menos no detestarlos. Pero no vale sólo con que te gusten, también hay que saber llevarlos.
Lo cierto es que hay días, que por muy buena que seas (Y no me refiero a mí, aún me queda mucho por aprender) hay situaciones que no sabes si puedes controlar. ¿Cómo manejar a un niño que sabe que va a repetir y le van a cambiar de colegio (a veces los padres son unos bocazas y no piensan en las consecuencias) y le da igual todo? ¿Un chaval que un día rompe un bolígrafo y empieza a manchar con tinta a sus compañeros y los pupitres y al día siguiente decide abrir todos los radiadores del pasillo inundándolo y por la tarde coje unas tijeras y, de golpe, le corta un mechón de cabello a una compañera? Y todo esto con doce años.
En Sexto de primaria (hemos pasado de EGB a la EPO) los niños se encuentran en un extraño limbo. Nosotros (o al menos yo) con su edad eramos más inocentes. Eramos más niños. El cambio lo sufriamos al llegar al istituto, con 14 años. Y a veces ni eso. Ahora la edad del pavo cada vez es más temprana. Y cuesta tratarles. Porque no son niños, o al menos no son niños como lo éramos nosotros.No son niños, pero tampoco son adolescentes... Están en un limbo en el que ni ellos saben lo que son. Y tampoco sabes cómo tratarles. Si como niños o como adolescentes. Supongo que con los años y la esperiencia todo será más fácil. Y que no me encuentre con muchos niños como Pablo, jaja.
bicos

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